Metamorfosis
Poema · Miguel Antonio
Hubo un tiempo en que era un Gregorio Samsa cualquiera,
que caminaba en un lugar cualquiera,
esperaba sentado, como un Gregorio cualquiera,
junto a otros Gregorios,
cansados, somnolientos,
perdidos en la espera.
Los pasillos eran blancos,
extensos, repetidos, como el laberinto de Chartres.
Radiadores blancos y viejos emanaban calor,
pero no lo suficiente para disipar el frío,
ese frío extraño, ese frío del corazón.
Caminé durante toda una noche por ese laberinto,
preguntándome hacia dónde me conducía,
qué destino me deparaba.
Cada paso que daba generaba un eco,
un eco que cargaba preguntas sin respuestas.
Hasta que, por fin, me llamó una voz.
Era la enfermera que anunciaba tu nacimiento.
El laberinto desapareció, y crucé una puerta blanca.
Y cuando te vi por primera vez,
una fuerza brutal surgió desde el piso,
subió por dentro de mis entrañas
y llegó hasta mi garganta,
rompiendo todas las barreras que existían a su paso,
mientras te contemplaba en mis brazos.
Al mirarte a los ojos, entendí a Gregorio y su metamorfosis.
Y pude verte desde siempre, y para siempre,
en un tiempo sin edad,
donde el amor dejó de ser un laberinto,
y se convirtió en mi única verdad.