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Duele que no duela

Microcuento · Miguel Antonio

Iba caminando por el Parque Forestal un día de otoño. Desde niño juego a pisar las hojas: ese crujido bajo los pies, ese olor a hoja mojada. La sensación satisfactoria de pisar hojas. Una sensación que solo existe en otoño.

De repente se me vino una canción del flaco: todas las hojas son del viento.

La pregunta llegó sola: ¿les dolerá que las pise? Debajo de cada hoja, un mundo. Seres pequeñísimos que no sabían lo que se les venía encima.

¡Crac, crac! Seguí caminando. ¡Crac! ¡Crac! Seguí destruyendo.

Me volví a preguntar: ¿les dolerá? Surgió otra pregunta: ¿para qué es el dolor?

Me acordé de mi abuelo. Cuando le dolía una muela se pegaba un combo y gritaba:

— ¡El dolor es pa que duela!

Yo. Un ser adicto a la guerra.

La sensación satisfactoria de pisar pueblos.

¡Crac, crac! Seguí caminando. ¡Crac! ¡Crac! Seguí destruyendo.

Y no me dolía.

Duele que no duela.

Justo pasó la micro y me fui.