La escuadra
Microcuento · Miguel Antonio
Se levantaba a las 6 de la mañana y salía a comprar una tabla. La cargaba al hombro desde el astillero hasta su taller, cargaba el peso de su vida en esos cuarenta kilos de tablón rústico.
Adentro, el olor a aserrín y el ruido de las máquinas lo recibían como siempre. Ese día iba a construir una mesa de comedor.
A mitad del trabajo notó que su escuadra estaba torcida. Le costaba trazar la línea recta para el corte perfecto.
Se detuvo. Miró la escuadra un momento largo. Siguió trabajando.
Le pegó martillazos hasta enderezarla lo mejor posible. No quedó perfecta. Pero sirvió. Encuadró la mesa. Sin cojera. La lijó. La barnizó.
Cuando fue donde el cliente con el trabajo terminado, este lo miró de arriba abajo y dijo que no le pagaría.
Le pegó un combo en el hocico, se dio por pagado y se fue.